Apego seguro: el vínculo más saludable en la infancia (y en la adultez)

Un apego seguro desarrollado de pequeños asegura una buena forma de relacionarnos cuando somos adultos

Laura Ruiz Mitjana

El apego es un vínculo emocional que se forma y se consolida durante los primeros años de vida con la figura cuidadora (generalmente la madre). En los primeros meses de vida, este lazo afectivo es de gran importancia, y se va formando gracias a las interacciones madre-bebé y a los cuidados, la alimentación y el cariño y amor ofrecido por la figura materna hacia el bebé.

Pero es una relación bidireccional, donde, aunque el bebé necesita a su figura de apego para sobrevivir, él también ejerce influencia sobre la construcción de este tipo de vínculo.

Así, la manera que tenemos de vincularnos con nuestras figuras de apego (es decir, con nuestros cuidadores siendo bebés), especialmente los primeros años de vida, tiene mucho que ver con cómo nos vincularemos en la edad adulta.

En función de cómo se haya construido este apego en la infancia, la calidad del mismo variará, así como sus características y sus repercusiones en la edad adulta.

En este artículo de Diario Femenino vamos a hablarte sobre el apego seguro: el vínculo emocional más saludable que puede desarrollarse en la infancia y que determina una buena forma de relacionarnos en la adultez.

Tipos de apego: los estudios de Mary Ainsworth

Fue Mary Ainsworth (1913-1999), una psicóloga estadounidense muy famosa por sus estudios del apego, quien estudió los diferentes tipos de apego a través de una situación experimental, denominada “La situación extraña”. A través de este paradigma, Ainsworth estudió las reacciones de los niños en una habitación con sus figuras de apego.

Concretamente, la investigadora estudiaba las reacciones de los bebés cuando:

- Los dejaban solos.

- Aparecía un extraño en la habitación.

- En diversas combinaciones, en las que se analizaba su reacción respecto al entorno y la búsqueda de seguridad en la madre cuando esta estaba presente.

Mediante el análisis de estas interacciones y reacciones de los bebés, Ainsworth pudo determinar diferentes tipos de apego:

- Apego seguro.

- Apego ambivalente.

- Apego evitativo.

- Apego desorganizado.

Apego seguro ¿qué es?

El apego seguro, en el que nos centraremos en este artículo, es el apego más habitual en la infancia. Es un tipo de apego que nos permite relacionarnos de adultos de forma saludable con los demás y que se ha construido a través de una buena autoestima y de una buena capacidad para poner límites. 

Según los expertos, el apego seguro es una de las mayores garantías para que los niños tengan una infancia sana y una adultez serena.

¿Cómo se construye el apego seguro?

El apego seguro se construye durante la infancia, cuando la figura cuidadora es capaz de mostrarse sensible y atenta a las necesidades del niño. Se configura también gracias al hecho de que la figura cuidadora ha cubierto las necesidades básicas del bebé y, además, las interacciones con el mismo han sido de calidad. 

Un cuidador empático, capaz de conectar con lo que necesita el bebé y de ofrecérselo, y que además favorece la experimentación de emociones, está tras la construcción de este tipo de apego.

Comportamientos en el apego seguro

Cuando los niños son pequeños y estos disfrutan de un apego seguro con la madre o el padre, se sienten libres de explorar el entorno de forma tranquila ante la presencia de la figura de apego. ¿Por qué? Porque saben que pueden volver a ella (la denominada “base segura”) en cualquier momento y que, por lo tanto, no están en peligro. Así, si sienten miedo o malestar, vuelven a la figura de apego y la angustia desaparece.

En niños con este tipo de apego, la exploración del entorno y la búsqueda de nuevos estímulos se vuelven acciones cada vez más activas. 

Por otro lado, cuando la figura de apego se ausenta o se marcha, por las razones que sean, esto genera malestar y angustia en el niño. Es decir, si el niño no tiene visible esta figura, o no la tiene a su alcance, disminuye su actividad previa (la exploración del entorno, por ejemplo), y poco a poco va manifestando preocupación.

Cuando la figura de apego vuelve, el niño se vuelve a mostrar tranquilo y contento, porque ya tiene disponible su base segura. Ya sabe que puede volver a ella si lo necesita. Es decir, recibe alegremente la vuelta de la madre o del padre.

Características del apego seguro 

Más allá de lo mencionado, el apego seguro se caracteriza por lo siguiente:

+ El niño se esfuerza por mantener la proximidad con su figura de apego.

+ Busca el contacto físico y emocional del cuidador principal, de manera recurrente en el tiempo.

+ Se siente seguro para explorar, sobre todo cuando tiene la figura de apego cerca.

+ Se esfuerza por atraer la atención de la figura cuidadora cuando la necesita.

El apego seguro en la adultez

Como decíamos, la mayoría de las personas tienen este tipo de apego. Cuando nuestro apego es seguro en la adultez, en general, mantenemos vínculos y relaciones saludables con las personas y sobre todo con las parejas

Cuando tenemos un apego seguro, no existe una preocupación por el abandono del entorno o una búsqueda constante del compromiso. Así, es más probable, con este tipo de apego, que mantengamos relaciones libres de dependencia emocional. Si existe dependencia emocional, esta es mínima y es la que permite la consolidación de la relación, pero no es perjudicial para un desarrollo saludable con los demás.

Apegos inseguros en la adultez

En cambio, un apego inseguro es la base en la que se construyen relaciones poco saludables, con fuertes dosis de dependencia y a veces, incluso, control. Las personas que manifiestan un apego inseguro, dependiendo del tipo de apego (evitativo, desorganizado o ambivalente), pueden mostrar comportamientos o síntomas como:

+ Un miedo intenso al abandono.

+ Conductas de control hacia el otro (por miedo a ese abandono).

+ Evitación del compromiso o del contacto con el otro (por miedo a ser rechazados).

+ Un fuerte miedo al rechazo.

+ Conductas incoherentes relacionadas con la vinculación y la afectividad.

+ Baja autoestima.

+ Contactos superficiales con los demás.

+ Dificultades para expresar y reconocer las propias emociones.

+ Falta de asertividad y de capacidad de poner límites

Todos estos síntomas pueden aparecer en el seno de una relación de pareja o en otro tipo de relaciones: con amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc. Sin embargo, suele ser en la relación de pareja (donde existe una implicación emocional mayor), en el que este tipo de vinculación o patrones conductuales aparecen con mayor intensidad.

¿Cómo fomentar el apego seguro?

Existen una serie de ideas clave que permiten fomentar el apego seguro en los niños. Hablamos de:

+ Definir una figura de apego

Es importante que el niño tenga una figura de referencia con la que vincularse principalmente, a fin de satisfacer sus necesidades fisiológicas y afectivas. Hablamos de la “base segura” del niño.

+ Sintonizar con el niño

Conectar con las emociones del niño, entenderlas y darles espacio, resultará clave para fomentar este tipo de apego. Así, el adulto debe ser capaz de entender los estados mentales de su bebé y de responder a ellos en caso de necesidad.

+ Aceptarlo incondicionalmente

La aceptación incondicional del niño es clave para fomentar un apego seguro. Para ello, será importante diferenciar al niño de su comportamiento (no es lo mismo decirle “eres torpe” que “te has caído pero la próxima vez seguro que no te caes”).

+ Poner límites

Los límites dan seguridad a los niños. Resultan imprescindibles para que estos crezcan felices y sepan cómo actuar y cómo no hacerlo. Además, las respuestas que les demos a sus comportamientos deben ser consistentes y coherentes.

Estas son algunas pautas para fomentar este tipo de apego en la infancia. En la adultez, aunque el apego ya está “definido”, podemos seguir trabajando en él, a través del autoconocimiento, el autocuidado, el refuerzo de la autoestima y la terapia en caso de ser necesario. 

Como vemos, el apego seguro es la base en la que se construyen vínculos saludables. Es importante fomentar un apego seguro en la niñez, pero no olvidemos que todo lo que somos va construyéndose con los años y con las experiencias.

Por ello, es importante revisarse y estar atentas a cómo nos vinculamos, ya que eso dice mucho de nosotras, de cómo nos han educado y también de cómo nos tratamos a nosotras mismas. ¡Está en nuestras manos decidir qué tipo de relaciones queremos construir!

Referencias bibliográficas:

  • Bowlby, J, (1998). El apego y la pérdida, v. 2. Biblioteca de psicología profunda 49. El Apego y la pérdida. Paidós.
  • Brazelton, T., Greenspan, S. (2005). Las necesidades básicas de la infancia. Lo que cada niño o niña necesita para vivir. Crecer y aprender. Barcelona: Graó.
  • Brazelton, T. (1993). La relación más temprana. Barcelona: Paidós.

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