9 diferencias fundamentales entre tener amor propio y ser egoísta

La fina línea entre ser egoísta y tener una gran autoestima

Laura Ruiz Mitjana, Psicóloga
En este artículo
  1. No es lo mismo tener amor propio que ser egoísta: 9 diferencias clave
  2. Quererse no significa dejar de pensar en los demás

¿Es lo mismo tener amor propio que ser egoísta? Por supuesto que no. Pero a veces no es fácil vislumbrar la fina línea que separa una cosa de la otra. Por ejemplo, cuando tenemos amor propio, nos centramos en nosotros mismos, en cultivar nuestra autoestima y en amarnos, pero sin olvidarnos de los demás.

En cambio, cuando somos egoístas, anteponemos siempre nuestro bienestar personal al de los demás, y lo hacemos de forma rígida e inflexible. Y si bien es cierto que, para tener amor propio, a veces tendremos que ser egoístas, esto no significa actuar siempre así, u olvidarnos completamente del otro (la clave está en ser flexibles).

Estas son solo algunas de las diferencias entre estos dos conceptos, pero hay más. En Diario Femenino conocemos hasta 9 diferencias fundamentales entre tener amor propio y ser egoísta, claves que nos ayudarán a seguir cultivando nuestro amor propio sin dejar de ser compasivos y cuidando, a su vez, nuestras relaciones personales, algo necesario también para nuestro bienestar.

No es lo mismo tener amor propio que ser egoísta: 9 diferencias clave

1 Orientación hacia uno mismo vs. Falta de consideración

Tener amor propio implica un enfoque saludable en el autocuidado, la autoaceptación y el respeto propio. Nos consideramos importantes y por eso nos cuidamos y nos amamos; sin embargo, eso no significa no tener en cuenta también a los demás. En cambio, cuando somos egoístas, no tenemos en consideración a los demás, y tendemos a priorizar (siempre) las propias necesidades a expensas de los demás.

Y, como decíamos en la introducción, si bien es cierto que para tener amor propio a veces tendremos que ser egoístas, lo cierto es que en el egoísmo siempre actuamos en beneficio propio, y somos rígidos en este aspecto.

2 Salud emocional vs. Falta de empatía

Otra diferencia entre el amor propio y el egoísmo tiene que ver con la gestión, o más bien presencia o ausencia de la empatía. Así, cuando tenemos amor propio, fomentamos nuestra propia salud emocional al reconocer y manejar las propias emociones de manera positiva (nos aplicamos la empatía a nosotros mismos para comprendernos mejor).

En cambio, cuando somos egoístas, esto nos puede llevar a la falta de empatía hacia los sentimientos y necesidades de los demás. Es decir, no mostramos esa empatía hacia los otros que sí mostramos hacia nosotros mismos en el amor propio.

3 Límites saludables vs. Falta de consideración de límites

Los límites y su gestión es otra de las diferencias entre amor propio y egoísmo. De esta manera, tener amor propio implica establecer límites saludables para proteger nuestro bienestar físico y emocional sin dañar intencionalmente a otros. En cambio, en el egoísmo establecemos límites de manera insensible, sin considerar cómo éstos pueden afectar a los demás.

Así, la clave para poder encontrar el equilibrio está en poder establecer límites sanos y flexibles hacia nosotros mismos y hacia los demás, pensando en nosotros pero tratando siempre de que estos límites no sean dañinos u ofensivos para las otras personas.

4 Relaciones equitativas vs. Prioridad en las propias necesidades

El tipo de relaciones que construimos cuando nos vinculamos constituye otra de las diferencias entre estos dos conceptos. De esta forma, en el amor propio buscamos y construimos relaciones basadas en el respeto mutuo, la comunicación y el apoyo emocional.

Es decir, relaciones equitativas, equilibradas y bilaterales, donde ambos aportamos, ambos nos escuchamos y nos tenemos en cuenta, etc. Sin embargo, en el egoísmo las relaciones que construimos son unilaterales, ya que las propias necesidades siempre tienen prioridad, siempre son protagonistas. No escuchamos al otro, o sí lo escuchamos pero no lo tenemos en cuenta si eso no nos favorece (nos cuesta ceder).

5 Responsabilidad personal vs. Falta de autorreflexión

Construir nuestro amor propio implica asumir la responsabilidad de nuestro propio crecimiento y bienestar sin culpar a los demás por nuestros problemas. Es decir, nos responsabilizamos de lo que nos sucede, de lo que sí depende de nosotros.

En cambio, cuando somos egoístas tendemos a culpar a otros de nuestras dificultades, evitando así la autorreflexión y la madurez que conlleva responsabilizarnos de nuestros asuntos y de nuestra salud emocional. Por lo tanto, en cierta manera, el egoísmo también es indicativo de inmadurez.

6 Colaboración y cooperación vs. Reticencia a ceder

Cuando tenemos amor propio valoramos la colaboración y la cooperación en situaciones grupales, reconociendo que el éxito colectivo contribuye al bienestar personal. Colaboramos y cooperamos, cedemos y, a su vez, nos dejamos ayudar.

En cambio, cuando somos egoístas podemos resistirnos a colaborar o ceder en situaciones grupales debido a un enfoque excesivo en satisfacer nuestros intereses personales. Tenemos una mirada más rígida y más limitada de lo que nosotros necesitamos, perdiendo esta amplitud de mirada que nos permitiría ser más empáticos y pensar en el grupo.

7 Felicidad a largo plazo vs. Gratificación inmediata

En el amor propio buscamos la felicidad sostenible a través del autocuidado y el crecimiento personal, lo que puede beneficiar las relaciones y la vida en general. Pero cuando somos egoístas perseguimos la gratificación inmediata de deseos personales, lo que a menudo conduce a la insatisfacción a largo plazo y al aislamiento. Es decir, mientras que el amor propio beneficia nuestras relaciones personales (las potencia y las cuida) y, por lo tanto, nuestro yo más social, el egoísmo nos perjudica en este sentido.

8 Desarrollo personal vs. Estancamiento

Otra de las diferencias entre tener amor propio y ser egoísta tiene que ver con el crecimiento personal. Así, mientras que el amor propio promueve el crecimiento personal y la automejora a lo largo del tiempo, el egoísmo puede llevarnos al estancamiento al no estar dispuestos a comprometernos o aprender de las experiencias.

Por ello, todo esto también tiene que ver con la flexibilidad mental que ya hemos comentado; cuando somos egoístas, somos rígidos y tenemos una visión más limitada de la vida, más centrada en nuestras necesidades únicamente.

9 Generosidad equilibrada vs. Acaparamiento

Finalmente, otra diferencia entre ambos conceptos tiene que ver con la generosidad que ofrecemos. En el amor propio practicamos una generosidad equilibrada, dando al otro de forma genuina, sin esperar siempre recibir a cambio (aunque a veces sí lo esperemos, y es sano también).

En cambio, cuando somos egoístas tendemos a acumular recursos y atención sin considerar compartir o ayudar a los demás. Es esta visión cerrada hacia uno mismo, este acaparamiento de todo. Pero debes saber que cuando compartimos, aunque parezca que esto reste, sucede todo lo contrario; compartir suma.

Quererse no significa dejar de pensar en los demás

A modo de conclusión, es importante recalcar que pensar en nosotros mismos y en nuestras necesidades está genial, y además es necesario para cuidar nuestra autoestima y nuestra salud mental. Eso no nos hace egoístas. Sin embargo, hacerlo siempre, de forma sistemática, y sin tener nunca en cuenta las necesidades de los demás, nos puede volver egoístas.

Como hemos visto, las diferencias entre tener amor propio y ser egoísta son notables y pueden tener un impacto significativo en nuestra vida diaria y en nuestras relaciones con los demás. El amor propio nos invita a cuidarnos y respetarnos a nosotros mismos de manera equilibrada, permitiéndonos crecer, establecer límites saludables y cultivar relaciones más satisfactorias. Por otro lado, el egoísmo, aunque puede parecer satisfactorio a corto plazo, tiende a generar conflictos y aislamiento a largo plazo.

Está en nuestras manos decidir cómo queremos construir nuestra propia autoestima, si pensando en nosotros pero también a través de una mirada empática y compasiva hacia los demás, o únicamente pensando en satisfacer nuestras propias necesidades.

Es importante que sepas que lo primero puede llevarte a conseguir el bienestar, a estar bien con las personas y a construir vínculos sanos y duraderos, pero lo segundo puede empobrecer, y mucho, tu vida social, tus vínculos, vínculos que sabemos que son fundamentales para ser felices.

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