Astrofobia (miedo a los cuerpos celestes): cuando el cielo te da pánico

Síntomas, causas y tratamiento de esta fobia tan limitante

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

La inmensidad del universo se hace un poco más abarcable en el cielo, pero aun así sigue siempre imposible de asimilar. Reflexionamos sobre la inmensidad porque es una de las causas más frecuentes de las fobias y se refleja claramente en la astrofobia o el miedo a los cuerpos celestes. Todo aquello que encontramos en el cielo cuando levantamos la vista puede ser motivo de un trastorno fóbico que analizamos en nuestro diccionario de fobias.

Qué es la astrofobia y cómo saber si la padeces

La astrofobia es el miedo a los cuerpos celestes en general, pero especialmente a las estrellas. Se trata de un trastorno más amplio que el de la siderofobia, que solo afecta a las estrellas. En la astrofobia, cualquier objeto que se encuentre en el cielo puede provocar una ansiedad elevada. Esta fobia está también relacionada con la uranofobia o miedo al cielo y con la más conocida brontofobia o miedo a las tormentas.

Aquí todo transcurre en el cielo, el propio firmamento, una estrella fugaz, una constelación, un planeta, un cometa, un destello de luz en la oscuridad de la noche, un rayo en medio de la tormenta o incluso las propias estrellas que fascinan a tantas personas son el estímulo fóbico para aquellos que sufren la astrofobia. El cielo en general se convierte en un motivo de verdadero pánico.

Hay que señalar que puedes sentir cierto temor ante los cuerpos celestes y que no se trate de un trastorno fóbico. Las fobias se caracterizan por el miedo, es cierto, pero se trata de un miedo excesivo en proporción con el peligro real que pueda suponer el estímulo.

Otra forma de saber si se trata de una fobia es que ese temor no desaparece, es constante cuando se piensa en el estímulo, esté cercana o no la situación temida. Además, el trastorno fóbico siempre va acompañado de la conducta de evitación y de algunas reacciones físicas y psicológicas.

Síntomas de la astrofobia

No solo es cuestión de mirar al cielo y ver el brillo de las estrellas, algo que se puede evitar con relativa facilidad. Es que los síntomas de la astrofobia también se pueden desencadenar con la visión de una fotografía nocturna o al ver el cielo por televisión. Y la verdad es que en cualquier película puede aparecer el cielo estrellado.

Te puedes imaginar que esta fobia es un problema más importante de lo que parece porque no es tan fácil recurrir a la evitación. Así, ante el estímulo fóbico que puede aparecer en cualquier situación cotidiana, la persona con astrofobia comienza a experimentar todos los síntomas de la ansiedad acompañados de una elevada carga de angustia.

Las palpitaciones, la sudoración excesiva, el entumecimiento de las extremidades, los mareos, las náuseas o la dificultad para respirar son síntomas bien conocidos por las personas que sufren ansiedad. Y ansiedad es precisamente lo que provoca una fobia. Pero hay más, porque esta situación puede desencadenar un ataque de pánico.

Sumados a estos síntomas físicos que se experimentan en cualquier trastorno fóbico, nos encontramos con los pensamientos catastrofistas relacionados con los cuerpos celestes. Unos pensamientos que no tardarán en convertirse en intrusivos y obsesivos y que dificultarán el desarrollo de una vida funcional. Todo esto deriva en una delicada situación emocional en la que la persona con astrofobia es consciente de que su miedo es irracional, pero no puede hacer nada por evitarlo.

El aislamiento social es una de las consecuencias más peligrosas de las fobias, porque esa persona se ve incapaz de actuar con normalidad. Los problemas de autoestima también se encuentran entre las consecuencias de los trastornos fóbicos, pero tal vez lo más aterrador sea esa sensación de haber perdido el control no solo de los eventos que te rodean, sino también de tus pensamientos.

Causas del miedo a los cuerpos celestes

La mayoría de las fobias encuentran su origen en un condicionamiento por experiencia traumática. Pero cuando hablamos de experiencia traumática no quiere decir que te haya ocurrido alguna desgracia en relación con una estrella o con cualquier otro cuerpo celeste. Nos podemos imaginar, por ejemplo, un escenario en el que te comunican la muerte de un ser querido en plena noche y a partir de ahí se queda grabado en tu memoria.

Desde ese momento empiezas a relacionar las estrellas con una carga emocional casi insoportable y si a esto le sumas un trastorno de ansiedad, se puede convertir fácilmente en una fobia. La ansiedad y cómo se gestiona es un factor fundamental a la hora de determinar si se trata de un trastorno fóbico como tal o de un estímulo que simplemente te provoca un malestar emocional más o menos importante.

Además, en el caso del miedo a los cuerpos celestes influye también el aprendizaje. Historias de ciencia ficción en las que una estrella explota y acaba con toda la humanidad, por ejemplo, y el propio desconocimiento que tenemos la mayoría de los fenómenos celestes son los ingredientes esenciales para que se desarrolle una fobia.

Y, como decimos, no se trata de un asunto de poca importancia o de una manía que no te deja mirar al cielo. Estrellas y otros objetos celestes se ven continuamente, de día y de noche. No basta con aislarse en casa y no mirar nunca hacia el cielo, porque en la televisión también aparecen las estrellas. Y hasta en las conversaciones más triviales.

Tratamiento para la astrofobia o el miedo a los cuerpos celestes

La astrofobia es un trastorno muy limitante y que reduce considerablemente la calidad de vida, así que es necesario buscar un tratamiento cuanto antes. Como hemos visto con otras fobias, la Terapia Cognitivo Conductual tiene un gran éxito a la hora de transformar esos pensamientos distorsionados acerca del estímulo, en este caso, los cuerpos celestes. Para ayudar en la tarea se puede acudir a las charlas con expertos en la materia que nos acerquen los fenómenos celestes un poco más para que no nos resulten tan desconocidos.

A veces es el propio desconocimiento lo que provoca el miedo. Y una vez que se ha conseguido en la terapia transformar el pensamiento, el miedo se ve reducido. Pero ahora toca cambiar la conducta, esa conducta de evitación que ya se habrá convertido en un hábito y que es la que limita la vida de las personas con trastornos fóbicos.

Para transformar la conducta de evitación se puede recurrir a la Terapia de Exposición de una forma gradual y progresiva. No hay por qué someterse a la situación temida en la primera sesión, se puede empezar por visualizar imágenes de las estrellas y del firmamento y comprobar cómo la reacción va provocando cada vez menos carga de ansiedad.

Y hablando de ansiedad, cualquier tratamiento para las fobias incluye la práctica habitual de técnicas de relajación y de ejercicios de respiración. Funciona muy bien el famoso Mindfulness, no solo para vencer esa fobia en particular, sino también para protegerse de recaídas en el futuro o de la aparición de nuevas fobias.

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