La depresión de un hijo: cómo ayudarle si está deprimido

Depresión de un hijo, cómo actuar

La maternidad es una de las cosas más bonitas, pero no siempre estamos seguras de estar ejerciendo nuestro papel de madres de la forma más correcta. En principio, la naturalidad se impone en esta relación madre-hijo en la que debe primar el amor y su felicidad por encima de todo.

Pero a pesar de nuestros esfuerzos por el bienestar de nuestros hijos, las cosas no salen como las habíamos planeado y no podemos mantener a nuestros hijos en una burbuja a salvo de cualquier peligro. Cuando un hijo enferma, en este caso de depresión, tendrás que retocar tu traje maternal para poder ayudarle a superar la depresión.

La depresión de un hijo adolescente

Los adolescentes son especialmente sensibles a su entorno familiar y social. Aunque sabemos eso, no podemos tener bajo control todos y cada uno de los factores que pueden desestabilizar el ya de por si inestable equilibrio emocional de un adolescente. Al fin y al cabo, estamos hablando de un momento de la vida en el que se vive intensa y tremendamente.

Pero que la adolescencia se pase no quiere decir que debamos menospreciar el riesgo de depresión de un hijo adolescente. El error de muchos padres es no tomar en serio las preocupaciones de sus hijos por estar en esa “edad difícil”. Cuanta menos importancia demos a los temores de nuestros hijos en la adolescencia, más peligro tendrán de caer en una depresión severa que puede influir muy negativamente en su posterior desarrollo como adultos.

Decimos estos porque es muy importante estar atentas a las primeras señales de depresión de un hijo adolescente. Y no podremos hacerlo si dejamos que se levante un muro de incomprensión entre nosotros. Una cosa es que no seamos amigas de nuestros hijos, pero tampoco nos pueden ver como enemigas. Si no, no estaremos en disposición de ayudarles a superar la depresión.

La depresión de un hijo adulto

Cuando los hijos han superado la infancia, la adolescencia y se han convertido en personas adultas, responsables e independientes es el momento en que una madre puede revisar su función y reciclarla para convertirse en un verdadero apoyo para su hijo, especialmente en los momentos difíciles.

No es fácil para una madre ver cómo su hijo se va desmoronando, perdiendo las ilusiones y las ganas de vivir mientras su vida entra en una espiral de tristeza y amargura. Y muchas veces el papel de madre, cuando los hijos ya son adultos, es tan distante que no sabemos cómo actuar. Porque los hijos presuponen que, una vez adultos, la función protectora de la madre ha desaparecido, algo que nunca ocurre.

Lo difícil no es que una madre quiera ayudar a su hijo deprimido, sino que un hijo adulto se deje ayudar por su madre en una situación como esta. Así que procura no desvelar demasiado tu angustia por su situación y despójate de todas esas preocupaciones de madre para estar a su lado como una persona que simplemente quiere ayudar por el amor que le tiene.

Laura Vélez  •  lunes, 1 de julio de 2013

DF Temas

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