No tengo ganas de salir de casa: por qué me ocurre y qué puedo hacer

¿Es este un síntoma de depresión?

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Si alguna vez algún familiar o amigo cercano te ha dicho la famosa frase "tú lo que tienes que hacer es salir más" es porque llevas un tiempo encerrada en casa, aislándote de los demás, sin querer ver a nadie ni hacer nada. Aunque a veces no se trata de lo que quieres, sino de lo que no te sientes capaz de hacer. Al margen del peligro que supone dar ese tipo de consejos a una persona con depresión o ansiedad, es importante que te des cuenta de que si no tienes ganas de salir de casa, es porque tienes un problema que debes tratar. Aislarte en casa es peligroso y no va a solucionar tu situación, pero nadie mejor que nosotras para comprender por qué te ves incapaz de abrir la puerta y salir a la calle.

Por qué no quieres salir de casa

Hay que advertir que también hay muchas personas a las que no les gusta mucho la vida social y son muy caseras, prefieren hacer actividades en casa y necesitan muchos momentos de soledad para estar con ellas mismas. No hay ningún problema en este caso, es una cuestión de preferencias y no están evitando o evadiendo nada. Y, por supuesto, no ven limitadas sus funciones diarias.

La alarma se dispara cuando tu necesidad de estar en casa o, más bien, de no salir a la calle reduce considerablemente tu vida social, familiar y puede perjudicar hasta tu vida laboral. ¿No quieres ver a nadie? ¿No quieres salir de casa? Presta atención porque puedes estar ante un problema importante.

+ ¿Sufres depresión?

La depresión es el motivo más habitual por el que las personas se quedan en casa. Un trastorno depresivo quita las fuerzas, las ganas y la motivación, entre otras muchas cosas. Y lo que menos te apetece es salir de casa y ver a gente cuando te encuentras en un estado de desesperanza y agotamiento físico y mental.

+ Un trastorno de ansiedad no te deja salir de casa

Los problemas de ansiedad, que antes o después se hacen familiares de la depresión y viceversa, son también uno de esos motivos frecuentes por lo que no quieres salir de casa ni ver a nadie. Tanto en el caso de la depresión como en el de la ansiedad, se produce una mezcla de motivos para el aislamiento. Por un lado el agotamiento que producen estas dos situaciones, pero hay otro tan importante: la incomprensión que genera tu estado emocional en el resto de las personas.

+ Agorafobia: miedo a salir a la calle

Si sufres agorafobia, por ejemplo, es inevitable que tengas ese temor a salir de casa. Lo que decides es evitar la situación que provoca el miedo, así que la mejor forma de evitarlo es quedarte encerrada en tu casa que te da seguridad.

+ Duelo por la muerte de un familiar o alguien cercano

Si has perdido recientemente a un familiar, el proceso de duelo también puede mantenerte en casa. Es normal y hasta saludable, pero procura que ese aislamiento social no se alargue en el tiempo.

+ Crisis existencial: un motivo para no querer salir de casa

O puede que no quieras salir de casa ni ver a nadie en momentos puntuales de reconstrucción vital. Cuando te sientes perdida, cuando no encuentras el sentido de la vida, cuando estás sufriendo demasiado estrés y necesitas un parón, un descanso de todo.

Razones por las que no quieres ver a nadie

Una cosa es no tener ganas de salir de casa y otra cosa es no querer ver a nadie, aunque la mayoría de las veces una lleva a la otra. Si te encierras en casa porque estás sufriendo un trastorno emocional o porque estás pasando un mal momento, lo que menos necesitas es esos consejos que llegan con mucho cariño y mejores intenciones pero que te hunden un poco más en el pozo.

Tu madre, tu hermana o tu mejor amiga te dirán que tienes que salir de casa. "Tienes que". Y tú lo sabes, pero lo que no sabes es cómo hacerlo porque no te quedan fuerzas para nada que no sea sobrevivir emocionalmente un día más. Nosotras te entendemos, pero no todo el mundo consigue empatizar con esa situación y pueden hacerte sentir culpable, que es un peso extra que en estos momentos no puedes llevar.
Pero todos sabemos que necesitamos las relaciones sociales, ¿verdad? Puedes empezar por invitar a tu casa a esas personas de tu círculo social que sean más comprensivas.

Los riesgos de no salir de casa

Lo que en principio puede parecer una medida de seguridad, no salir de casa porque te encuentras mal, se puede convertir en tu peor enemigo y en un obstáculo para que salgas adelante en tu situación. El riesgo de soledad es evidente, la gente al final deja de llamarte porque siempre dices que no a todo y llega un momento en que sientes que no puedes contar con nadie. Pero no lo creas del todo, seguro que hay personas a tu alrededor que están esperando a que pidas ayuda.

Es precisamente el pensamiento el que más sufre el aislamiento en casa. Todos los cuadros de depresión y ansiedad van acompañados de pensamientos obsesivos y distorsionados. Y no contrastar el mundo con nadie más lo único que hace es engrandecer esos pensamientos hasta convertirlos en una masa monstruosa que no te deja ver la realidad.

Con el tiempo, no querer salir de casa puede hacer que descuides algunas obligaciones laborales y familiares, pero el riesgo se produce sobre todo en tu interior. Tu vida se ve limitada en todos los aspectos, tu autoestima se reduce porque no te ves capaz de salir y finalmente tu mente y tu cuerpo normalizan ese aislamiento.

Qué hacer para recuperar el ánimo y salir de casa

Y no querer salir de casa no es ni normal ni saludable. Sabes que tienes que salir pero, ¿cómo hacerlo? Si te ves en esta situación, la mejor idea es que salgas al menos para ir al psicólogo y te ayude a encontrar la causa de ese aislamiento supuestamente voluntario. Pero más allá del psicólogo hay algunas cosas que puedes hacer por ti misma.

En los primeros pasos no tienes que pedirle ayuda a ninguna persona de tu entorno si no quieres. Pero toma la decisión de salir hoy (no pienses en el resto de los días) a dar una vuelta a la manzana. Tal vez ir a comprar el pan. Ya está, no tienes que hacer más. El simple hecho de darle los buenos días al vendedor del pan constituye un paso enorme.

Ahora no intentes hacer proezas como asistir a un concierto multitudinario con todos tus amigos. Sigue paso a paso la vuelta a la vida real. Despacio. Primero invita a alguna amiga a casa y cuéntale que no es que no quieras salir de casa, que lo que ocurre es que te cuesta un mundo. Tu mejor amiga te dará la mano y podréis ir al parque a caminar un rato o a un sitio que te guste y en el que te sientas cómoda. No hace falta que pases toda la tarde fuera, solo un momento es suficiente.

Poco a poco, con la ayuda del psicólogo y de tu entorno más cercano podrás ir recuperando tu actividad social o tu vida fuera de casa. No te marques objetivos grandes, sino pequeños pasos. Ir al supermercado y hacer la compra despacio sin salir corriendo, llamar a una amiga a la hora del café para tomarlo en un sitio tranquilo y con poca gente o invitar a comer a tu casa a dos de tus amistades.

Verás cómo al relacionarte con alguien más que con tus propios pensamientos, tu perspectiva se va transformando, tu peso se va haciendo más ligero y empiezan a aparecer colores en medio de tanta oscuridad. Pero recuerda, cuando un trastorno emocional llega a tu vida, la mejor manera de combatirlo es con la ayuda de un profesional.

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