No sé quién soy realmente: cómo superar una crisis de identidad

Pautas psicológicas para que encuentres de nuevo tu camino y el sentido de tu vida

Laura Ruiz Mitjana

Todas las personas, a lo largo de nuestra vida, pasamos por situaciones de crisis de identidad. Este tipo de crisis van más allá de “no saber quién es uno” y engloban áreas diversas de nuestra vida. 

Así, una crisis de identidad tiene que ver con quiénes somos, pero también con todo aquello que anhelamos, aquello que hemos perdido y aquello que buscamos sin saber muy bien cómo conseguir.

Las crisis de identidad llegan a cualquier edad, aunque lo más común es que se produzcan en una etapa de transición (por ejemplo, de la niñez a la adolescencia, de la adolescencia a la adultez o de la adultez a la adultez tardía). También suelen llegar con cambios importantes en nuestra vida, como veremos a lo largo del artículo.

¿Qué es una crisis de identidad?

El término crisis proviene, en realidad, de las crisis evolutivas que marcan cada etapa de la vida hacia la madurez. En el ámbito de la psicología, expertos como el psicólogo social Erich Fromm o como el psicoanalista Erik H. Erikson, hablaron ya de este concepto (Erikson, con su famosa teoría de la Identidad y el ciclo de la vida).

Una crisis de identidad se trata de un período de la vida donde nos sentimos perdidas a nivel vital y a nivel emocional. Es una etapa donde toman protagonismo ciertas preguntas sin respuesta “¿Qué sentido tiene mi vida”, “¿Estoy haciendo lo que me hace feliz?”, etc., y que se tiñe de una sensación de angustia, vulnerabilidad y melancolía

Es importante remarcar que una crisis de identidad no es un trastorno psicológico y que, por lo tanto, no figura como diagnóstico en los manuales como el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales) o similares. Sin embargo, si no se aborda de forma adecuada, una crisis de identidad sí puede derivar en alguna patología más grave.

+ Un momento de cambio

Los expertos afirman que una crisis de identidad, o crisis existencial, es un momento de cambio, que está marcado por la propia persona o por una circunstancia externa. Las situaciones que generan este tipo de crisis son de índole muy diversa: una separación o un divorcio, el nacimiento de un hijo, la pérdida de un ser querido, la entrada a una nueva etapa vital, un cambio de ciudad, etc. Suelen ser situaciones que generan incertidumbre y ansiedad, pero que también conllevan oportunidades si somos capaces de identificarlas.

+ Generada por situaciones diversas

Según el psicólogo clínico Jorge Barraca, una crisis de identidad es un “replanteamiento de los temas vitales; con frecuencia la crisis parte de una cuestión concreta, como algo negativo (por ejemplo, una separación afectiva o un problema de salud) o algo positivo (un traslado de casa, un viaje…)”. Y añade: “la identidad viene otorgada por el marco en el que se encuentra la persona en diferentes planos, y se trata de un cuestionamiento global ante los cambios”.

Cómo hacer frente a una crisis de identidad

¿Cómo superar una crisis de identidad? Lo primero que debemos hacer es perderle el miedo a la posible crisis. En general, las personas pasamos por diferentes crisis vitales a lo largo de nuestra vida y es algo que se debería naturalizar. 

Naturalizar no implica no afrontar la situación, o quitarle importancia, sino darle la importancia que se merece en nuestra vida, pero sin entrar en pensamientos catastrofistas. Una crisis es una situación vital estresante y, como tal, se puede superar.

Pero... ¿qué estrategias o acciones nos pueden ir bien a la hora de afrontar una crisis de identidad?

+ Inicia un proceso terapéutico

La terapia es una buena herramienta para tomar conciencia de nuestra situación actual, de nuestros sentimientos y emociones y de qué posibles causas nos están generando esta sensación de vacío, melancolía o incertidumbre. Además, nos puede ayudar a reconectar con nuestra propia esencia y con nuestra propia identidad.

Identificar estas causas, con ayuda de nuestro terapeuta, nos ayudará a aproximarnos a la naturaleza de nuestro “problema”. Esto, a su vez, nos permitirá adquirir las primeras herramientas para hacer frente a la situación y volver a reconocernos a nosotras mismas.

Más allá de acudir a terapia, que siempre recomendamos en el caso de que exista un sufrimiento en nuestra vida que no sabemos manejar, podemos realizar otras acciones que nos ayuden a gestionar esta situación.

+ Identifica qué es lo que quieres en tu vida

Identificar qué es lo que queremos en nuestra vida nos hace conectar de nuevo con nosotras mismas. Ante una crisis de identidad, es normal sentirse perdida o sin alicientes para seguir avanzando. Aparece un estado de apatía y desmotivación que, de no tratarse, pueden acabar desembocando en síntomas depresivos.

Así que es importante estar atenta a estos síntomas, pero también, ser capaces de identificar las cosas que sí van bien en nuestra vida. Es decir, aquellas que queremos mantener, aquellas que nos hacen mantener un mínimo de ilusión o motivación.

Identifícalas y encuéntrales su sentido; pregúntate: “¿Qué emociones me generan esas cosas o esas personas que sí quieres mantener en tu vida?”. Recuerda que el autoconocimiento es un camino que te lleva a ti misma.

+ Céntrate en el presente

Según Jorge Barraca, ante una crisis de identidad es importante trabajar el enraizamiento en el presente, moverse, hacer cosas, contactar con gente. Tal y como afirma el psicólogo, engancharse al presente es lo que dará una respuesta a la crisis.

Y, por ello, es importante focalizarnos en el tiempo actual, en lo que es nuestro día a día y en aquellas cosas que, insistimos, queremos mantener. Esto no es fácil, y requiere su práctica, pero se puede llegar a conseguir. Prácticas como el mindfulness, la respiración profunda o la meditación, suelen ayudar mucho en este sentido. 

Tomar conciencia del presente nos permite conectar con nuestro estado actual y con aquel sentido del “Yo” (aquella identidad) que se ha ido desvirtuando, o difuminando, con la crisis, pero que sigue dentro nuestro.

+ Plantéate qué quieres conseguir

Centrarse en el presente para evitar sentimientos ansiosos centrados en el futuro, no está reñido con reflexionar sobre qué nos gustaría conseguir en nuestra vida o qué nos ilusiona realmente.

Y es que, con frecuencia, tras una crisis de identidad se esconde una fuerte sensación de frustración con nuestra situación actual. Quizás, más allá de sentirnos perdidas, nos hemos dado cuenta de que no nos gusta nuestra vida. Y está bien identificar este tipo de pensamientos para poder ponerles remedio.

Si sientes que no estás satisfecha con tu vida, por las razones que sean, y tengas la edad que tengas, quizás sea el momento de plantearte qué es lo que quieres conseguir. No hace falta que sea una gran meta; a veces consiste, simplemente, en proponerse pequeños retos diarios que nos saquen del estado de apatía habitual de las crisis existenciales.

Busca tu motivación, y si te cuesta identificarla, plantéate pequeños retos a corto plazo (más adelante ya podrás plantearte metas a largo plazo). Lo que importa es mantenerse activa en tu proceso de cambio.

+ No te obsesiones por “superar” esta crisis

Muchas veces la “solución” a una crisis de identidad llega con el tiempo, de forma natural, y muchas otras veces, esta solución está fuera de nosotras. Es por ello que te recomendamos que no te obsesiones con superar esta situación, sino simplemente deja que tus emociones fluyan con ella, identifícalas, escúchalas y dales su espacio (todas ellas tienen su razón de ser), pero no te obsesiones por hacer que desaparezcan (sobre todo las emociones negativas).

No obsesionarse pasa por tomar conciencia de la situación, pero con una conciencia realista, focalizada en el presente, sin pretender ir más allá. Está bien reflexionar sobre lo que nos ocurre, pero que ello no nos arrastre a un mar de pensamientos en bucle del que después es muy difícil salir.

Si te sientes identificada con algunos de los puntos tratados y no sabes muy bien cómo empezar a trabajar en tu propio cambio, pide ayuda profesional y empieza a trazar tu propio camino. Un terapeuta puede ayudarte a reconectar contigo misma y a buscar qué es lo que te define, en esencia, más allá de la vida que estés construyendo (que también importa).  

Bibliografía consultada:

  • Bordignon, N.A. (2005). El desarrollo psicosocial de Erik Erikson. El diagrama epigenético del adulto: Revista Lasallista de Investigación.
  • Erickson, E. H. (2000). El ciclo vital completado. Paidós Ibérica.
  • Frankl, V. (2016). El hombre en busca del sentido. Editorial Herder.

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