10 inequívocos signos que indican que la mala suerte te persigue

La suerte viene y va y por eso a veces te toca una racha de mala suerte que no te quiere soltar

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Cuando la mala suerte te persigue

No hace falta ser una persona supersticiosa para darte cuenta de que alguien te ha maldecido, el karma se está cobrando sus deudas aunque no sepas cuáles o la suerte te ha dado la espalda. La culpa no la tiene el tuerto que te ha mirado ni el precioso gatito negro que entró en tu terraza el otro día. No se sabe quién tiene la culpa, pero sí puedes saber si la mala suerte te persigue con estas señales.

Señales de que te persigue la mala suerte

No vamos a andarnos con rodeos. Cuando las cosas se tuercen, se quedan torcidas una temporada que puede ser más o menos larga. La suerte va y viene y seguro que en muchos momentos de tu vida te has sentido afortunada, pero últimamente no sabes lo que te pasa porque todo te sale mal. Atenta a las señales más evidentes de que te persigue la mala suerte.

1. Suerte en la ducha

Te metes en la ducha casi con ilusión, te enjabonas el cuerpo y hasta te lavas el pelo porque hoy vas bien de tiempo. El agua calentita te hace sonreír...hasta que llega el momento del aclarado y el chorro de la ducha se convierte en una fuente recién salida del polo norte.

2. Consecuencias de la mala suerte en la ducha

Sales empapada de la ducha, te envuelves en una toalla para ver qué le pasa a la caldera y por qué te has quedado sin agua caliente. Pero vas nerviosa, vas chorreando además y te caes en el baño pegándote un buen golpe en pierna, brazo y sien. Piensa en la buen suerte que tienes de no haberte roto la crisma.

3. Supervivencia a la mala suerte mañanera

Sobrevivirás. No puedes arreglar la caldera porque no tienes ni idea (más tarde el técnico te abochornará mostrándote que era tan fácil como darle a un botón) y ya vas a llegar tarde a trabajar. Así que te saltas el desayuno y eso es lo peor que puedes hacer para acabar con tu mala suerte en este día aciago. Porque el hambre llama a la mala suerte.

La mala suerte que te persigue

4. Respira hondo para acabar con la mala suerte

Respira hondo en la parada del bus para poder acabar con la mala suerte. Vale, has empezado mal el día pero eso no significa que no puedas remontar. El coche que pasa a toda velocidad y te lanza el charco de agua a tu pantalón debería hacerte pensar que, efectivamente, hoy no es tu día.

5. Tu jefe contribuye a la causa

Has llegado tarde al trabajo, has llegado hambrienta y tu jefe te mira como si estuviera a punto de despedirte. Tranquila. Aún no has llegado a ese punto de catástrofe. Pero sí te llama a su despacho para contarte que está haciendo cambios y que a partir de ahora tendrás otras funciones. Es decir, las que tenías antes y otras más.

6. Cita médica

Ese mismo día que la mala suerte se ha agarrado a ti tienes por la tarde una cita con el ginecólogo. En serio, ¿qué puede salir mal?

7. Conjurando a la mala suerte

Pero como eres una persona optimista, te consuelas pensando que después has quedado con tus amigas para tomar una caña y que entre todas conseguiréis encontrar el hechizo que rompa tu mala suerte. No va a ser posible, porque tus amigas han tenido que cancelar los planes. Habrá que esperar hasta mañana, si sobrevives.

Las rachas de mala suerte también terminan

8. El amor en tiempos de la mala suerte

Como tus amigas no pueden quedar y tú no quieres quedarte a solas con tu mala suerte, decides lanzarte a proponerle una cita a ese chico del Tinder. Sentirte atrevida y decidida te vendrá genial para combatir la mala suerte. Pero espera, que esto no ha acabado. No vas a poder ver su respuesta porque tu teléfono se acaba de quedar sin batería.

9. La mala suerte en casa

Con esta perspectiva decides ir a casa, cargar el móvil y comprobar que el chico no te ha contestado. Después de limpiar el desaguisado del baño que has dejado por la mañana, llaman para darte la noticia de que tu tía se ha caído en la calle y está en el hospital. Esta noche vas a dormir poquito.

10. Las malas noticias nunca vienen solas

Hoy no. Esa carta del banco que has recogido en el buzón déjala reposar unos días, hoy es mejor que no la abras porque no puede contener nada bueno.