Ansiedad por la Navidad: controla los nervios en los momentos clave

Cómo reducir la ansiedad en Navidad

Laura Sánchez
Laura Sánchez Especialista en interpretación de sueños

Si piensas en la Navidad con cierta inquietud, temor o incluso angustia es porque ya conoces los efectos que tiene esta época navideña sobre los trastornos de ansiedad y sobre la depresión. Pero este año la Navidad no va a poder con nosotras y vamos a mantener la calma, con los nervios encerrados bajo siete llaves y con la ansiedad a raya.

Para llevar a cabo nuestro plan anti ansiedad en Navidad, lo primero que debemos hacer es una lista con los momentos clave que más ansiedad nos generan en estas fechas. Momentos, situaciones y motivos que pueden recrudecer los trastornos de ansiedad y que nosotras vamos a aprender a manejar poco a poco.

La ansiedad en Navidad

Cada vez son más las personas que no comprenden esta celebración por todo lo alto de la Navidad cuando la sensación generalizada es de rechazo a estas fechas. Si acaso tienen cierto sentido para la infancia, la mayoría de los adultos ven las navidades como una época llena de nervios, tristeza, agobios, angustia y ansiedad.

Las fechas clave de la Navidad son especialmente propicias para que la ansiedad se deje notar con fuerza. Organizar la cena de Nochebuena, elegir con quién y dónde pasar la Navidad, conseguir regalos de Papá Noel y de los Reyes Magos también, disfrutar de una Nochevieja especial, empezar el año con buen pie, cumplir los propósitos del año nuevo... Una gran cantidad de momentos y situaciones que ponen a prueba nuestros nervios.

Hay que aprender a quitar el miedo a esas fechas señaladas de la Navidad. Podemos tomarnos la Navidad como un periodo en el que podemos salir de la rutina diaria, viendo a familiares o amigos que hace tiempo no veíamos, siendo más flexibles con los horarios y agudizando la creatividad para no gastarnos tanto dinero o podemos tomarnos la Navidad a la tremenda y que venga acompañada de todos y cada uno de los síntomas de ansiedad.

Momentos de ansiedad en Navidad

Pero lo que nos provoca la ansiedad en Navidad no son solo momentos, son también situaciones generales y actitudes concretas que debemos aprender a manejar. Una de esas situaciones que más ansiedad provocan son las reuniones familiares, con un ambiente tenso, discusiones, reproches, silencios incómodos o miradas críticas. La tolerancia y la paciencia van a ser nuestro look indispensable para esas situaciones.

También es muy frecuente que los nervios y la tristeza se agudicen en las fechas navideñas por la ausencia de seres queridos. Su falta se nota con más fuerza en Navidad y es posible que no podamos controlar tantas emociones juntas. Disfrutar de los que están y recordar con alegría a los que se fueron es la actitud más saludable para no tener unas Navidades pasadas por llanto.

Lo material hace acto de presencia en Navidad más que nunca, a pesar de ser supuestamente unos días de paz, amor y alegría. La frustración por no poder satisfacer las expectativas de los niños con los regalos de Navidad o Reyes, por no organizar una cena con los manjares más exclusivos o no aparecer en el hogar familiar cargada de regalos para todos, es una causa muy habitual de ansiedad que solo podemos evitar si hacemos una revisión profunda de nuestras prioridades vitales.

No podemos obviar el estrés y el ajetreo propio de estas fechas que pueden hacer que la ansiedad salte por los aires. Trabajando, con los niños de vacaciones, preparando el viaje hasta la casa de los abuelos, comprar los regalos, quedar con viejas amistades, la cena de empresa, organizar el menú familiar… Unas fechas que idealmente promueven la calma, se convierten en realidad en la época más estresante del año, con más responsabilidades que nunca y además con la obligación de hacerlo todo con una sonrisa.

Los compromisos sociales que en Navidad también se mezclan con los laborales son un foco importante de ansiedad. Nos hacen replantearnos muchas cosas sobre cómo nos relacionamos con los demás y sobre nuestro verdadero papel en el trabajo, por ejemplo. Llegan las dudas, ¿lo estamos haciendo bien? Y nuestro espíritu perfeccionista y autoexigente nos dice que no, que estamos fallando.

Porque en estas fechas en las que predominan los grandes banquetes, nuestra autoexigencia se hace un festín con el espíritu de la Navidad. Literalmente se lo come, lo engulle, y la paz, la calma y los buenos deseos acaban en el estómago de ese monstruo que se llama autoexigencia. Pensamientos como no lo estoy haciendo bien, estoy fallando a esta persona, el regalo no le va a gustar, la cena va a ser un desastre y todos los “debería” típicos de la Navidad pueden convertir esta época de felicidad en un auténtico infierno.

Por unas navidades sin ansiedad

Los problemas de ansiedad tienen su origen en múltiples factores, de ahí que sea tan difícil de tratar. Pero el problema con la Navidad está más claro: hay una gran diferencia entre lo que esperamos de la Navidad y lo que la Navidad es realmente. Influenciados por el cine, la televisión, la literatura y hasta por la tradición religiosa, tenemos una idea muy clara de cómo deben ser las navidades.

Una época de paz, una época de amor, una época de reunión familiar, llena de alegría y felicidad, de ilusión, de encuentros, de reconciliaciones, de apoyo, de juegos, de comunicación, de regalos, de abrazos, de besos y de sonrisas. Esta es la Navidad ideal y la que suponemos que debemos vivir. Y cuando llega el momento te das cuenta de que nada o poco de eso tiene tu Navidad; ni la mía, ni la de la mayoría de la gente.

Esa discordancia entre lo que imaginamos que es la Navidad y lo que realmente es llama a una de las mejores amigas de la ansiedad, que es la frustración. Ya tenemos a dos invitadas más, frustración y autoexigencia, en esta cena de Navidad, unas invitadas que no son bien recibidas pero que se resisten a marcharse. ¿Y sabes por qué insisten en quedarse?

Nosotras mismas las hacemos más fuertes al prestarles más atención de la que merecen. Cuando empiezas a notar los primeros síntomas de malestar emocional en Navidad, tus pensamientos toman las riendas y ya no puedes gestionar la avalancha de emociones que se te viene encima. ¿Hay solución para este problema? La hay. Y es la misma solución que para superar un problema de ansiedad.

Pero antes de buscar soluciones tenemos que abordar otra cuestión delicada que hace que la ansiedad vuelva a casa por Navidad. Se acaba el año y es tiempo de hacer una reflexión sobre nuestro año y sobre nuestra vida. En esa reflexión tendemos a ser críticas con nosotras mismas y nos damos cuenta de que, un año más, no hemos conseguido lo que queríamos.

No somos más guapas, ni estamos más flacas, no hemos dejado de discutir con nuestra pareja ni hemos sido más pacientes con nuestros hijos. No hemos ascendido en el trabajo y nuestro jefe sigue cargándonos con tareas que nos llevamos a casa a las que no nos atrevemos a decir NO. No nos hemos reconciliado con nuestra hermana y no hemos visitado lo suficiente a nuestros padres ni a nuestros suegros. No hemos ido al gimnasio, no hemos aprendido inglés y no hemos dejado de fumar. Un año más el saldo es negativo.

Cómo reducir la ansiedad en Navidad

Puede que con esto te hagas una idea más clara de la intensa e insistente presencia de la ansiedad en Navidad. Con esta actitud es imposible acercarse siquiera al equilibrio emocional. Y añade a todo lo anterior esa imposición social de felicidad, esa obligación de ser felices todos y cada uno de los momentos de tu vida, esa presión para la sonrisa constante.

Superar la ansiedad en Navidad requiere las mismas técnicas que superarla en cualquier otra época del año. Paciencia, ayuda psicológica, tiempo para asimilar, para aceptar y para integrar, desaprender, aprender, reaprender, amor por ti misma, comprensión, empatía y, de nuevo, aceptación. ¿Te parece muy ambiguo todo esto? En efecto lo es. Y hasta que no consigas llevar a la práctica diaria todas estas cosas, vas a seguir en esa batalla contra la ansiedad que ya intuyes que tienes perdida.

Está perdida precisamente porque la consideras una batalla. Por eso, hace falta la terapia psicológica, para ayudarte a entender que superar un trastorno de ansiedad es un camino de aprendizaje y no una batalla campal. Pero no tenemos tanto tiempo porque la Navidad se nos echa encima y en estos momentos lo único que necesitamos es reducir un poco la ansiedad, aligerar un poco la presión para que podamos disfrutar de estas fechas. Bien, pues tenemos algunas ideas.

+ Plántate frente a las navidades desde una perspectiva neutra. Ni actitud positiva, ni actitud negativa. Observa objetivamente lo que tienes. Esta es tu familia, este es tu trabajo, es aquí donde estás viviendo, esta es tu vida. No es un o lo tomas o lo dejas, es lo que tienes y con eso es con lo que debes trabajar para pasar las fiestas lo más tranquilamente posible.

+ Aparca los pensamiento que empiezan por ojalá, por si pudiera, por si tuviera y en general esas ideas de qué maravilloso sería todo si todo fuera distinto. Porque ahora mismo no lo es, trabaja desde la realidad y acepta esa realidad.

+ Con todas las tareas y obligaciones de la Navidad es normal que la ansiedad se dispare y para que no te invada la sensación de desbordamiento y de que todo está descontrolado, nada mejor que una buena planificación. Planifica horarios, actividades, menús, compras, visitas y eventos. ¿Te estás saturando solo con apuntarlo todo en la agenda? Pues entonces reserva también tiempo para ti, para estar a solas un momento, en silencio.

+ Practica el arte de decir NO a todos esos compromisos sociales navideños a los que no te apetece asistir. No es una obligación estar en todos los saraos de la Navidad. Tal vez no puedas evitar ir a la cena de empresa y es evidente que no te queda más remedio que aguantar las peroratas de tu cuñado en la cena de Nochebuena, pero seguro que puedes pasar por alto la invitación a esa reunión de antiguos alumnos.

+ ¿Tu malestar emocional está muy ligado a tu economía? Haz uso de tu imaginación y de tu creatividad a la hora de los regalos. Y frente al gasto excesivo y el derroche en forma de mesas repletas, puedes cambiar las tradiciones, puedes saltarte las normas y las rutinas navideñas y optar por menús más económicos. Si intuyes que vas a escuchar quejas y protestas, preséntalo como una propuesta de innovación. Renovarse o morir.

Y lo más importante. Sin necesidad de amargar a los que te rodean, puedes ir olvidándote de aparentar felicidad cuando no la tienes, de reírte sin ganas o de abrazar sin cariño. Tienes derecho a ser feliz, pero también tienes todo el derecho del mundo a sentirte infeliz en un momento dado, a no poder con todo y, sobre todo, a no ser perfecta.

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