Farmacofobia: el grave miedo a los fármacos o medicamentos

Fobias que ponen en riesgo tu vida

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Hay una gran controversia alrededor de los medicamentos. Mientras que por un lado nos alertan del riesgo de automedicarse, por otro lado aparecen los que reniegan de cualquier medicación, incluso de las vacunas. Y en efecto, los medicamentos no dejan de tener sus efectos secundarios, pero en la mayoría de los casos son absolutamente necesarios para recuperar la salud. Pocas veces hemos tratado en nuestro diccionario de fobias una tan peligrosa como la farmacofobia o el miedo a los fármacos. ¿Sabes de qué se trata? Te hablamos de sus síntomas, de sus causas y de su tratamiento

Qué es la farmacofobia

La farmacocofobia es el miedo a los fármacos o medicamentos. Da igual si se trata de ingerir pastillas que de ponerse una inyección, inhalar algún medicamento o incluso aplicarse alguna crema. Cualquier cosa prescrita médicamente y con origen en una farmacéutica es considerado tan peligroso que la persona con esta fobia siente un miedo irracional.

La fobia o el miedo se extiende a esos lugares donde te prescriben los medicamentos o donde los puedes adquirir. Farmacias, centros de salud y hospitales son lugares prohibidos para las personas con farmacofobia. Y es entonces cuando aparece la conducta de evitación característica de los trastornos fóbicos.

Y nos preguntamos, ¿se puede vivir sin ir al médico, sin ir nunca a un hospital o sin tomar el tratamiento que te prescriben para sanar una dolencia o enfermedad? Como ves, si en otras fobias alertamos de las limitaciones diarias que impone el miedo y de la reducción drástica de la calidad de vida, en la farmacofobia esto va un paso más allá y pone en peligro la propia vida. El riesgo más elevado es la muerte, a la que se puede llegar si te niegas a tratar médicamente una enfermedad.

Síntomas de la farmacofobia o miedo a los medicamentos

Los síntomas de la farmacofobia son los mismos de la ansiedad. Sudoración, sensación de peligro, taquicardia, dificultad para respirar, mareos, desmayos, vómitos o incluso ataque de pánico. La idea de tener que tomar un medicamento puede provocar un auténtico desbordamiento emocional.

Porque la farmacofobia no solo tiene síntomas físicos, también los tiene psicológicos. Estamos hablando de un miedo extremo e irracional provocado por un pensamiento distorsionado que se ha convertido en obsesivo. Si tienes farmacofobia no es que te niegues a tomar fármacos porque prefieres morir, es que piensas que el propio fármaco te matará o te dejará unas secuelas inaceptables.

La crisis de ansiedad no llega solo cuando te ves frente a una caja de pastillas o una inyección. Puede ocurrirte también cuando sientes una molestia cualquiera y sin importancia y piensas en que tendrías que ir al médico para ver de qué se trata. O incluso cuando ves a alguien de tu entorno tomar un medicamento, cuando te lo encuentras en un cajón por tu casa o cuando lo ves por televisión.

Causas de la farmacofobia

¿Y cuál es el origen de esta fobia? Como sabes, las fobias se caracterizan por una sensación de miedo excesiva e inmotivada. Y en el caso de la farmacofobia, el miedo sí es excesivo pero no es del todo inmotivado. El miedo a tomar medicamentos tiene una base real porque todos sabemos que un fármaco te cura una dolencia determinada pero sus efectos secundarios pueden provocarte otra nueva o provocarte consecuencias determinadas.

También existe la teoría, cada vez más aceptada aunque pueda parecer una teoría conspiratoria, de que las grandes farmacéuticas están jugando con nuestra salud. Que sus medicamentos tratan enfermedades que ellas mismas crean para seguir vendiendo su producto. Y aunque no sea así, lo cierto es que las farmacéuticas producen grandes sospechas en la mayor parte de la población. ¿Qué me estoy tomando en realidad?

Una de las causas más frecuentes de la farmacofobia la encontramos en ese problema tan habitual y que padecen muchas personas a la hora de ingerir una píldora. Esas personas lo han pasado muy mal en alguna ocasión y han sentido que se asfixiaban cuando la pastilla se queda atascada en la garganta. Es un problema más frecuente de lo que parece y eso, unido a un trastorno de ansiedad previo, puede hacer que se origine la fobia.

Y como cualquier fobia, en algunos casos podemos acudir a la experiencia traumática para entender su origen. Un ingreso hospitalario por algo grave en la infancia, haber visto las consecuencias de los fármacos en alguien de la familia o incluso un error facultativo, que también los hay, pudo haber generado una enorme carga emocional y quedarse en forma de trauma. De ahí a desarrollar farmacofobia solo va un pequeño paso.

Tratamiento del miedo a los fármacos

El primer problema al que nos enfrentamos a la hora de tratar la farmacofobia se encuentra intrínseco en el propio trastorno. Las fobias se superan con tratamiento psicológico, por supuesto, pero en la mayoría de los casos también se hace necesario un tratamiento farmacológico a base de ansiolíticos para reducir el componente de ansiedad. Y en este caso, los medicamentos son el problema.

Así que hay que empezar por el tratamiento psicológico que la mayoría de las veces opta por una Terapia Cognitivo Conductual en la que se trabaja el pensamiento distorsionado sobre los fármacos. En principio hay que reconocer que los medicamentos encierran cierto riesgo, pero lo cierto es que también te pueden salvar la vida. Y el riesgo de los efectos secundarios, en el caso de la farmacofobia, está sobredimensionado.

Al trabajar el pensamiento irracional se consigue llegar a ese punto de vista más objetivo sobre los fármacos, pero aquí no acaba la terapia. Porque ahora hay que transformar ese comportamiento o conducta a la que la persona se ha habituado que es la evitación de todo contacto con cualquier medicamento.

Evitar la evitación se logra con la Terapia de Exposición. Y no, el terapeuta no te va a poner delante una pastilla y te va a decir que te la tomes. La Terapia de Exposición funciona si se hace de forma gradual y progresiva y se puede empezar por atreverse a acudir a un centro de salud o incluso a entrar en una farmacia y familiarizarse con los fármacos.

No está de más una charla en profundidad con una profesional de la medicina o de la propia farmacia que ofrezca una visión más positiva, aunque realista, de los medicamentos, de sus riesgos pero también de sus beneficios. A estas alturas, la persona con farmacofobia ya sabe perfectamente que necesita de los fármacos para mantener su salud, lo único que todavía no se atreve a tomarlos.

Como todas las fobias se presentan con altas dosis de ansiedad, la terapia tiene que dirigirse también a reducir la carga emocional que producen los medicamentos. Y a manejar estrategias muy útiles como los ejercicios de respiración, la relajación o el Mindfulness, algo que a largo plazo protegerá a esa persona de una recaída.

Nos gustaría advertir que la farmacofobia es un trastorno serio que puede poner en peligro tu vida. Así que olvídate de esos prejuicios a la hora de ir al psicólogo y evita que te trate un coach que promete casi milagros o pseudoterapias varias que te aseguran vencer la fobia en un breve espacio de tiempo. Ponte en manos de un profesional porque tu vida está en juego.

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